Fragmento
Por Alfonso Oscar Pinacchio Lillo
La conciencia responde naturalmente en forma fragmentada. Ante un estímulo, una reacción. Ante una necesidad, una respuesta. Ante una inquietud, otra respuesta. Casi incapaz de atender o percibir varias cosas a un mismo tiempo.
La conciencia nunca pudo ser capaz de atender al mismo tiempo a todos los estímulos que los sentidos captan dentro del radio de su vibración, como tampoco es capaz de atender a un mismo tiempo a todos los procesos internos que se desenvuelven.
Así fuimos desarrollándonos como seres humanos. Nuestra conciencia funcionando en los distintos aspectos que conforman nuestra personalidad, en forma fragmentada. Atentos a una cosa y luego a otra sin darnos cuenta de los cortes abruptos de la atención. Difícilmente conscientes de lo que sucede íntimamente cuando atendiendo una cosa, pasamos a atender otra. Del mismo modo que no resulta fácil descubrir cómo surge un determinado pensamiento, ni del proceso con el cual se le da forma en nuestra mente.
En consecuencia, nuestra conciencia, nosotros, fuimos desarrollándonos en forma fragmentada. En estado casi de subconciencia, vivimos reaccionando fragmentadamente. No hay continuidad en la atención ni en las reacciones, ni en las respuestas. No hay un hilo conductor. No hay plena conciencia de lo que nos sucede a diario, sino por el contrario, hay muchas veces una dispersión que se repite cotidianamente.
Estamos enfrascados en una cosa y luego saltamos a otra cosa sin darnos cuenta del corte. Esto es justamente estar en un estado de subconciencia. Vamos saltando de un momento a otro, de una situación a otra. Nos llama la atención una cosa y luego otra, como el colibrí que va de flor en flor.
Todo, la realidad propia y circundante, son fragmentos para la conciencia y trae como consecuencia una percepción dispersada, lo que conlleva a una sumisión frente a una realidad que difícilmente se pueda comprender ni aprehender, produciendo impotencia.
Sin embargo, hay quienes intentan vencer esa sensación e impulsados por una serie de factores que estimulan su voluntad, adoptan otra actitud y se deciden a estar más alertas.
Es cuando la conciencia se pone más alerta y puede atender hasta nueve detalles diferentes al mismo tiempo.
Aún así, no logran unificar todos los fragmentos de su conciencia y de la realidad, lo que de todos modos sigue latente ese sabor amargo de la insatisfacción y sensación de impotencia, que no puede mitigar ningún éxito.
La Conciencia Unificada surge cuando se trascienden los propios límites. Cuando la identidad de uno mismo está más allá de las propias fronteras preestablecidas.
Es la conciencia sin fragmentos, la que es continua, la que percibe la unidad, la que da verdadera libertad y comprensión de la realidad expresando de ese modo, todos los atributos que requieren expansión para que puedan manifestarse plenamente, todo lo que da gozo, bienestar y plenitud, la que produce felicidad cuando surgen espontáneos el amor y la sabiduría.
La primera manifestación de la Conciencia Unificada es la continuidad en la percepción consciente de los estímulos y en la reacción correspondiente. No hay divisiones, ni cortes ni baches en la atención. Brinda una sensación de tener el propio control, de ser consciente de lo que sucede en uno mismo y en el entorno.
Luego, en distintos niveles, produce una sensación de plenitud, de expansión indescriptible y en la plena percepción no hay exclusiones, ni separación. La visión es amplia y todo encaja. Hay una conciencia que percibe todo o casi todo al unísono. Hay una unidad. Se es totalmente consciente de todo lo que sucede. Totalmente alerta y atento. El ego subyugado deja libre todo ese potencial que le dio origen para que alguna vez cumplida su labor, la vida se exprese libremente.
La Conciencia Unificada es la misma que han tenido los grandes hombres que han transformado y enriquecido a la humanidad. Esos mismos seres que por haberla expresado, no quisieran nunca que nadie esté exento de vivirla, pues más que un derecho de todos, es la vida que reclama expresarse.
Este camino nos muestra que yo solo no soy nada,pero que unido al universo soy poderoso.
domingo, 5 de septiembre de 2010
LA ACTITUD
Tu actitud es lo que hace la diferencia en tu vida. Hay cinco grandes obstáculos a la Actitud que todos enfrentamos: desánimo, cambios, problemas, miedo y fracaso. Si fueras como la mayoría de las personas, tendrías que lidiar por lo menos, una de esas cuestiones todo el santo día!
¿!Qué es la actitud? Al oir esa palabra, ¿en qué piensas?
Las personas siempre proyectan en el exteior lo que sienten en el interior. Algunas prsonas intentan encubrIr su actitud y pueden engañar a otros por un tiempo. Mas esa "capa" no dura mucho tiempo. Mi padre gusta de contar la historia de un niño de cuatro años que acabó castigado después de reñir con la madre.
-Te vas a quedar sentado en aquella silla hasta que yo te mande salir dijo la madre, frustrada. El niño se sentó, temiendo un castigo más severo y dijo:
-Está bien madre. PArece que yo estoy sentado, mas por dentro estoy de pie.
Tu actitud da color a cada aspecto de tu vida. Es como el pincel de la mente. Ella puede pintar todo de colores claros o brillantes, crando una obra de arte, o transformar todo en un lago oscuro y sombrío. La actitud es tan penetrante e importante que llegué a imaginarla así:
Es el hombre de vanguardia que está dentro de ti.
Sus raíces quedan en el interior, mas su fruto es exterior.
Es tu mejor amiga o tu peor enemiga.
Es más honesta y consistente a su respeto de lo que sus propias palabras.
Es tu visión externa con base en tus experiencias del pasado.
Es lo que aproxima a las personas a ti o lo que las rechaza.
Nunca está satisfecha hasta que es expresada.
Es la biblioteca de tu pasado.
Es la portavoz de tu presente.
No hay ninguna parte de tu vida que no sea afectada por tu actitud. Y tu futuro definitivamente srá influenciado por la actitud que tú llevas contigo de hoy en adelante.
Tu actitud da color a cada aspecto de tu vida.
Es como el pincel de la mente.
John Maxwell - Tú haces la diferencia
¿!Qué es la actitud? Al oir esa palabra, ¿en qué piensas?
Las personas siempre proyectan en el exteior lo que sienten en el interior. Algunas prsonas intentan encubrIr su actitud y pueden engañar a otros por un tiempo. Mas esa "capa" no dura mucho tiempo. Mi padre gusta de contar la historia de un niño de cuatro años que acabó castigado después de reñir con la madre.
-Te vas a quedar sentado en aquella silla hasta que yo te mande salir dijo la madre, frustrada. El niño se sentó, temiendo un castigo más severo y dijo:
-Está bien madre. PArece que yo estoy sentado, mas por dentro estoy de pie.
Tu actitud da color a cada aspecto de tu vida. Es como el pincel de la mente. Ella puede pintar todo de colores claros o brillantes, crando una obra de arte, o transformar todo en un lago oscuro y sombrío. La actitud es tan penetrante e importante que llegué a imaginarla así:
Es el hombre de vanguardia que está dentro de ti.
Sus raíces quedan en el interior, mas su fruto es exterior.
Es tu mejor amiga o tu peor enemiga.
Es más honesta y consistente a su respeto de lo que sus propias palabras.
Es tu visión externa con base en tus experiencias del pasado.
Es lo que aproxima a las personas a ti o lo que las rechaza.
Nunca está satisfecha hasta que es expresada.
Es la biblioteca de tu pasado.
Es la portavoz de tu presente.
No hay ninguna parte de tu vida que no sea afectada por tu actitud. Y tu futuro definitivamente srá influenciado por la actitud que tú llevas contigo de hoy en adelante.
Tu actitud da color a cada aspecto de tu vida.
Es como el pincel de la mente.
John Maxwell - Tú haces la diferencia
viernes, 3 de septiembre de 2010
KRISHNAMURTI Y LA MEDITACION
Si durante el día está usted alerta, si está atento a todo el movimiento del pensar, a lo que usted dice, a sus gestos -cómo se sienta, cómo camina, cómo habla- si está atento a sus respuestas, entonces todas las cosas ocultas salen a la luz muy fácilmente. En ese estado de atención lúcida, despierta, todo es puesto al descubierto.
La mayoría de nosotros está inatenta. Darse cuenta de esa inatención, es atención.
La meditación no es una fragmentación de la vida; no consiste en retirarse a un monasterio o encerrarse en una habitación sentándose quietamente por diez minutos o una hora en un intento de concentrarse para aprender a meditar, mientras que por el resto del tiempo uno continúa siendo un feísimo, desagradable ser humano.
Para percibir la verdad, uno debe poseer una mente muy aguda, clara y precisa —no una mente astuta, torturada, sino una mente capaz de mirar sin distorsión alguna, una mente inocente y vulnerable. Tampoco puede percibir la verdad una mente llena de conocimientos; sólo puede hacerlo una mente que posee completa capacidad de aprender. Y también es necesario que la mente y el cuerpo sean altamente sensibles —con un cuerpo torpe, pesado, cargado de vino y comida, no se puede tratar de meditar. Por lo tanto, la mente debe estar muy despierta, sensible e inteligente.
Las necesidades básicas para descubrir aquello que está mas allá de la medida del pensamiento, para descubrir algo que el pensamiento no ha producido son tres: 1) se debe producir un estado de altísima sensibilidad e inteligencia en la mente; 2) ésta debe ser capaz de percibir con lógica y orden; 3) finalmente, la mente debe estar disciplinada en alto grado.
Una mente que ve las cosas con total claridad, sin distorsión alguna, sin prejuicios personales, ha comprendido el desorden y está libre de él; una mente así es virtuosa, ordenada. Sólo una mente muy ordenada puede ser sensible, inteligente.
§ § Es preciso estar atento al desorden que hay dentro de uno mismo, atento a las contradicciones, a las luchas dualísticas, a los deseos opuestos, atento a las actividades ideológicas y a su irrealidad. Uno ha de observar "lo que es" sin condenar, sin juzgar, sin evaluar en absoluto.
§ § La mayor parte del tiempo está uno inatento. Si usted sabe que está inatento, y presta atención en el momento de advertir la inatención, entonces ya está atento.
§ § La percepción alerta, la comprensión, es un estado de la mente de completo silencio, silencio en el cual no existe opinión, juicio ni evaluación alguna. Es realmente un escuchar desde el silencio. Y es sólo entonces que comprendemos algo en lo cual no está en absoluto envuelto el pensamiento. Esa atención, ese silencio, es un estado de meditación.
§ § Comprender el ahora es un inmenso problema de la meditación —ello es meditación. Comprender el pasado totalmente, ver dónde radica su importancia, ver la naturaleza del tiempo, todo eso forma parte de la meditación.
§ § En la meditación existe una gran belleza. Es una cosa extraordinaria. La meditación, no "cómo meditar".
§ § La meditación es la comprensión de uno mismo y, por lo tanto, significa echar los cimientos del orden —que es virtud— en el cual existe esa cualidad de disciplina que no es represión ni imitación ni control. Una mente así, se halla, entonces, en un estado de meditación.
§ § Meditar implica ver muy claramente, y no es posible ver claramente ni estar por completo involucrado en lo que uno ve, cuando hay un espacio entre el observador y la cosa observada. Cuando no hay pensamiento, cuando no hay información sobre el objeto, cuando no hay agrado ni desagrado sino tan sólo atención completa, entonces el espacio desaparece y, por lo tanto, está uno en relación completa con esa flor, con ese pájaro que vuela, con la nube o con ese rostro.
§ § Es sólo la mente inatenta que ha conocido lo que es estar atenta, la que dice: "¿Puedo estar atenta todo el tiempo?" A lo que uno debe estar atento, pues, es a la inatención. Estar alerta a la inatención, no a cómo mantener la atención. Cuando la mente se da cuenta de la inatención, ya está atenta —no hay que hacer nada más.
§ § La meditación es algo que requiere una formidable base de rectitud, virtud y orden. No se trata de algún estado místico o visionario inducido por el pensamiento, sino de algo que adviene natural y fácilmente cuando uno ha establecido las bases de una recta conducta. Sin tales bases, la meditación se vuelve meramente un escape, una fantasía. De modo que uno ha de asentar esas bases; en realidad, esta misma manera de asentar las bases, es la meditación.
§ § Los meditadores profesionales nos dicen que es necesario ejercer el control. Cuando prestamos atención a la mente, vemos que el pensamiento vaga sin rumbo, por lo que tiramos de él hacia atrás tratando de sujetarlo; entonces el pensamiento vuelve a descarriarse y nosotros volvemos a sujetarlo, Y de ese modo el juego continúa interminablemente. Y si podemos llegar a controlar la mente de manera tan completa que ya no divague en absoluto, entonces —se dice— habremos alcanzado el más extraordinario de los estados. Pero en realidad, es todo lo contrario: no habremos alcanzado absolutamente nada. El control implica resistencia. La concentración es una forma de resistencia que consiste en reducir el pensamiento a un punto en particular. Y cuando la mente se adiestra para concentrarse por completo en una sola cosa, pierde su elasticidad, su sensibilidad, y se vuelve incapaz de captar el campo total de la vida.
§ § El principio de la meditación es el conocimiento de uno mismo, y esto significa darse cuenta de todo movimiento del pensar y del sentir, conocer todas las capas de la conciencia, no sólo las superficiales sino las ocultas, las actividades profundas. Para ello, la mente consciente debe estar serena, calma, a fin de recibir la proyección del inconsciente. La mente superficial sólo puede lograr tranquilidad, paz y serenidad, comprendiendo sus propias actividades, observándolas, dándose cuenta de ellas; cuando la mente se da plena cuenta de todas sus actividades, mediante esa comprensión se queda en silencio espontáneamente; entonces el inconsciente puede proyectarse y aflorar. Cuando la totalidad de la conciencia se ha liberado, sólo entonces está en condiciones de recibir lo eterno.
§ § Entre dos pensamientos hay un periodo de silencio que no está relacionado con el proceso del pensamiento. Si observas, verás que ese período de silencio, ese intervalo, no es de tiempo, y el descubrimiento de ese intervalo, la total experimentación del mismo, te libera del condicionamiento.
§ § La meditación no es un medio para algo. Descubrir en todos los momentos de la vida cotidiana qué es verdadero y qué es falso, es meditación. La meditación no es algo por cuyo medio escapáis. Algo en lo que conseguís visiones y toda clase de grandes emociones. Mas el vigilar todos los momentos del día, ver cómo opera vuestro pensamiento, ver funcionar el mecanismo de la defensa, ver los temores, las ambiciones, las codicias y envidias, vigilar todo esto, indagarlo todo el tiempo, eso es meditación, o parte de la meditación. No tenéis que acudir a nadie para que os diga qué es meditación o para que os dé un método. Lo puedo descubrir muy sencillamente vigilándome. No me lo tiene que decir otro; lo sé. Queremos llegar muy lejos sin dar el primer paso. Y hallaréis que si dais el primer paso, ese es el último. No hay otro paso.
La mayoría de nosotros está inatenta. Darse cuenta de esa inatención, es atención.
La meditación no es una fragmentación de la vida; no consiste en retirarse a un monasterio o encerrarse en una habitación sentándose quietamente por diez minutos o una hora en un intento de concentrarse para aprender a meditar, mientras que por el resto del tiempo uno continúa siendo un feísimo, desagradable ser humano.
Para percibir la verdad, uno debe poseer una mente muy aguda, clara y precisa —no una mente astuta, torturada, sino una mente capaz de mirar sin distorsión alguna, una mente inocente y vulnerable. Tampoco puede percibir la verdad una mente llena de conocimientos; sólo puede hacerlo una mente que posee completa capacidad de aprender. Y también es necesario que la mente y el cuerpo sean altamente sensibles —con un cuerpo torpe, pesado, cargado de vino y comida, no se puede tratar de meditar. Por lo tanto, la mente debe estar muy despierta, sensible e inteligente.
Las necesidades básicas para descubrir aquello que está mas allá de la medida del pensamiento, para descubrir algo que el pensamiento no ha producido son tres: 1) se debe producir un estado de altísima sensibilidad e inteligencia en la mente; 2) ésta debe ser capaz de percibir con lógica y orden; 3) finalmente, la mente debe estar disciplinada en alto grado.
Una mente que ve las cosas con total claridad, sin distorsión alguna, sin prejuicios personales, ha comprendido el desorden y está libre de él; una mente así es virtuosa, ordenada. Sólo una mente muy ordenada puede ser sensible, inteligente.
§ § Es preciso estar atento al desorden que hay dentro de uno mismo, atento a las contradicciones, a las luchas dualísticas, a los deseos opuestos, atento a las actividades ideológicas y a su irrealidad. Uno ha de observar "lo que es" sin condenar, sin juzgar, sin evaluar en absoluto.
§ § La mayor parte del tiempo está uno inatento. Si usted sabe que está inatento, y presta atención en el momento de advertir la inatención, entonces ya está atento.
§ § La percepción alerta, la comprensión, es un estado de la mente de completo silencio, silencio en el cual no existe opinión, juicio ni evaluación alguna. Es realmente un escuchar desde el silencio. Y es sólo entonces que comprendemos algo en lo cual no está en absoluto envuelto el pensamiento. Esa atención, ese silencio, es un estado de meditación.
§ § Comprender el ahora es un inmenso problema de la meditación —ello es meditación. Comprender el pasado totalmente, ver dónde radica su importancia, ver la naturaleza del tiempo, todo eso forma parte de la meditación.
§ § En la meditación existe una gran belleza. Es una cosa extraordinaria. La meditación, no "cómo meditar".
§ § La meditación es la comprensión de uno mismo y, por lo tanto, significa echar los cimientos del orden —que es virtud— en el cual existe esa cualidad de disciplina que no es represión ni imitación ni control. Una mente así, se halla, entonces, en un estado de meditación.
§ § Meditar implica ver muy claramente, y no es posible ver claramente ni estar por completo involucrado en lo que uno ve, cuando hay un espacio entre el observador y la cosa observada. Cuando no hay pensamiento, cuando no hay información sobre el objeto, cuando no hay agrado ni desagrado sino tan sólo atención completa, entonces el espacio desaparece y, por lo tanto, está uno en relación completa con esa flor, con ese pájaro que vuela, con la nube o con ese rostro.
§ § Es sólo la mente inatenta que ha conocido lo que es estar atenta, la que dice: "¿Puedo estar atenta todo el tiempo?" A lo que uno debe estar atento, pues, es a la inatención. Estar alerta a la inatención, no a cómo mantener la atención. Cuando la mente se da cuenta de la inatención, ya está atenta —no hay que hacer nada más.
§ § La meditación es algo que requiere una formidable base de rectitud, virtud y orden. No se trata de algún estado místico o visionario inducido por el pensamiento, sino de algo que adviene natural y fácilmente cuando uno ha establecido las bases de una recta conducta. Sin tales bases, la meditación se vuelve meramente un escape, una fantasía. De modo que uno ha de asentar esas bases; en realidad, esta misma manera de asentar las bases, es la meditación.
§ § Los meditadores profesionales nos dicen que es necesario ejercer el control. Cuando prestamos atención a la mente, vemos que el pensamiento vaga sin rumbo, por lo que tiramos de él hacia atrás tratando de sujetarlo; entonces el pensamiento vuelve a descarriarse y nosotros volvemos a sujetarlo, Y de ese modo el juego continúa interminablemente. Y si podemos llegar a controlar la mente de manera tan completa que ya no divague en absoluto, entonces —se dice— habremos alcanzado el más extraordinario de los estados. Pero en realidad, es todo lo contrario: no habremos alcanzado absolutamente nada. El control implica resistencia. La concentración es una forma de resistencia que consiste en reducir el pensamiento a un punto en particular. Y cuando la mente se adiestra para concentrarse por completo en una sola cosa, pierde su elasticidad, su sensibilidad, y se vuelve incapaz de captar el campo total de la vida.
§ § El principio de la meditación es el conocimiento de uno mismo, y esto significa darse cuenta de todo movimiento del pensar y del sentir, conocer todas las capas de la conciencia, no sólo las superficiales sino las ocultas, las actividades profundas. Para ello, la mente consciente debe estar serena, calma, a fin de recibir la proyección del inconsciente. La mente superficial sólo puede lograr tranquilidad, paz y serenidad, comprendiendo sus propias actividades, observándolas, dándose cuenta de ellas; cuando la mente se da plena cuenta de todas sus actividades, mediante esa comprensión se queda en silencio espontáneamente; entonces el inconsciente puede proyectarse y aflorar. Cuando la totalidad de la conciencia se ha liberado, sólo entonces está en condiciones de recibir lo eterno.
§ § Entre dos pensamientos hay un periodo de silencio que no está relacionado con el proceso del pensamiento. Si observas, verás que ese período de silencio, ese intervalo, no es de tiempo, y el descubrimiento de ese intervalo, la total experimentación del mismo, te libera del condicionamiento.
§ § La meditación no es un medio para algo. Descubrir en todos los momentos de la vida cotidiana qué es verdadero y qué es falso, es meditación. La meditación no es algo por cuyo medio escapáis. Algo en lo que conseguís visiones y toda clase de grandes emociones. Mas el vigilar todos los momentos del día, ver cómo opera vuestro pensamiento, ver funcionar el mecanismo de la defensa, ver los temores, las ambiciones, las codicias y envidias, vigilar todo esto, indagarlo todo el tiempo, eso es meditación, o parte de la meditación. No tenéis que acudir a nadie para que os diga qué es meditación o para que os dé un método. Lo puedo descubrir muy sencillamente vigilándome. No me lo tiene que decir otro; lo sé. Queremos llegar muy lejos sin dar el primer paso. Y hallaréis que si dais el primer paso, ese es el último. No hay otro paso.
LA IDENTIFICACIÓN CON LAS COSAS
Quienes trabajan en la industria de la publicidad saben muy bien que para vender cosas que las personas realmente no necesitan deben convencerlas de que esas cosas aportarán algo a la forma como se ven a sí mismas o como las perciben los demás, en otras palabras, que agregarán a su sentido del ser. Lo hacen, por ejemplo, afirmando que podremos sobresalir entre la multitud utilizando el producto en cuestión y, por ende, que estaremos más completos. O crean la asociación mental entre el producto y un personaje famoso o una persona joven, atractiva o aparentemente feliz. Hasta las fotografías de las celebridades ancianas o fallecidas cuando estaban en la cima de sus carreras cumplen bien con ese propósito. El supuesto tácito es que al comprar el producto llegamos, gracias a un acto mágico de apropiación, a ser como ellos o, más bien, como su imagen superficial. Por tanto, en muchos casos no compramos un producto sino un "refuerzo para nuestra
identidad". Las etiquetas de los diseñadores son principalmente identidades colectivas a las cuales nos afiliamos. Son costosas y, por tanto, "exclusivas". Si estuvieran al alcance de todo el mundo, perderían su valor psico¬lógico y nos quedaríamos solamente con su valor material, el cual seguramente equivale a una fracción del precio pagado.
Las cosas con las cuales nos identificamos varían de una per¬sona a otra de acuerdo con la edad, el género, los ingresos, la clase social, la moda, la cultura, etcétera. Aquello con lo cual nos iden¬tificamos tiene relación con el contenido; por otra parte, la com¬pulsión inconsciente por identificarse es estructural. Esta es una de las formas más elementales como opera la mente egotista.
Paradójicamente, lo que sostiene a la llamada sociedad de consumo es el hecho mismo de que el intento por reconocernos en las cosas no funciona: la satisfacción del ego dura poco y en¬tonces continuamos con la búsqueda y seguimos comprando y consumiendo.
Claro está que en esta dimensión física en la cual habita nuestro ser superficial, las cosas son necesarias y son parte inevitable de la vida. Necesitamos vivienda, ropa, muebles, herramientas, transporte. Quizás haya también cosas que valoramos por su belleza o sus cualidades inherentes. Debemos honrar el mundo de las cosas en lugar de despreciarlo. Cada cosa tiene una cualidad de Ser, es una forma temporal originada dentro de la Vida Única informe fuente de todas las cosas, todos los cuerpos y todas las formas. En la mayoría de las culturas antiguas se creía que todas las cosas, hasta los objetos inanimados, alojaban un espíritu y, en este sen¬tido, estaban más cerca de la verdad que nosotros. Cuando se vive en un mundo aletargado por la abstracción mental, no se percibe la vida del universo. La mayoría de las personas no viven en una realidad viva sino conceptualizada.
Pero no podemos honrar realmente las cosas si las utilizamos para fortalecer nuestro ser, es decir, si tratamos de encontrarnos a través de ellas. Eso es exactamente lo que hace el ego. La iden¬tificación del ego con las cosas da lugar al apego y la obsesión, los cuales crean a su vez la sociedad de consumo y las estructuras económicas donde la única medida de progreso es tener siempre más. El deseo incontrolado de tener más, de crecer incesantemente, es una disfunción y una enfermedad. Es la misma disfunción que manifiestan las células cancerosas cuya única finalidad es multiplicarse sin darse cuenta de que están provocando su propia destrucción al destruir al organismo del cual forman parte. Algu¬nos economistas están tan apegados a la noción de crecimiento que no pueden soltar la palabra y entonces hablan de "crecimien¬to negativo" para referirse a la recesión.
Muchas personas agotan buena parte de su vida en la preocu¬pación obsesiva por las cosas. Es por eso que uno de los males de nuestros tiempos es la proliferación de los objetos. Cuando perdemos la capacidad de sentir esa vida que somos, lo más probable es que tratemos de llenar la vida con cosas. A manera de práctica espiritual, le sugiero investigar su relación con el mundo de las cosas observándose a si mismo y, en particular, observando las cosas designadas con la palabra "mi". Debe mantenerse alerta y ver honestamente si su sentido de valía está ligado a sus posesio¬nes. ¿Hay cosas que inducen una sensación sutil de importancia o superioridad? ¿Acaso la falta de esas cosas le hace sentir inferior a otras personas que poseen más que usted? ¿Menciona casualmente las cosas que posee o hace alarde de ellas para aparecer superior a los ojos de otra persona y, a través de ella, a sus pro¬pios ojos? ¿Siente ira o resentimiento cuando
alguien tiene más que usted o cuando pierde un bien preciado?
identidad". Las etiquetas de los diseñadores son principalmente identidades colectivas a las cuales nos afiliamos. Son costosas y, por tanto, "exclusivas". Si estuvieran al alcance de todo el mundo, perderían su valor psico¬lógico y nos quedaríamos solamente con su valor material, el cual seguramente equivale a una fracción del precio pagado.
Las cosas con las cuales nos identificamos varían de una per¬sona a otra de acuerdo con la edad, el género, los ingresos, la clase social, la moda, la cultura, etcétera. Aquello con lo cual nos iden¬tificamos tiene relación con el contenido; por otra parte, la com¬pulsión inconsciente por identificarse es estructural. Esta es una de las formas más elementales como opera la mente egotista.
Paradójicamente, lo que sostiene a la llamada sociedad de consumo es el hecho mismo de que el intento por reconocernos en las cosas no funciona: la satisfacción del ego dura poco y en¬tonces continuamos con la búsqueda y seguimos comprando y consumiendo.
Claro está que en esta dimensión física en la cual habita nuestro ser superficial, las cosas son necesarias y son parte inevitable de la vida. Necesitamos vivienda, ropa, muebles, herramientas, transporte. Quizás haya también cosas que valoramos por su belleza o sus cualidades inherentes. Debemos honrar el mundo de las cosas en lugar de despreciarlo. Cada cosa tiene una cualidad de Ser, es una forma temporal originada dentro de la Vida Única informe fuente de todas las cosas, todos los cuerpos y todas las formas. En la mayoría de las culturas antiguas se creía que todas las cosas, hasta los objetos inanimados, alojaban un espíritu y, en este sen¬tido, estaban más cerca de la verdad que nosotros. Cuando se vive en un mundo aletargado por la abstracción mental, no se percibe la vida del universo. La mayoría de las personas no viven en una realidad viva sino conceptualizada.
Pero no podemos honrar realmente las cosas si las utilizamos para fortalecer nuestro ser, es decir, si tratamos de encontrarnos a través de ellas. Eso es exactamente lo que hace el ego. La iden¬tificación del ego con las cosas da lugar al apego y la obsesión, los cuales crean a su vez la sociedad de consumo y las estructuras económicas donde la única medida de progreso es tener siempre más. El deseo incontrolado de tener más, de crecer incesantemente, es una disfunción y una enfermedad. Es la misma disfunción que manifiestan las células cancerosas cuya única finalidad es multiplicarse sin darse cuenta de que están provocando su propia destrucción al destruir al organismo del cual forman parte. Algu¬nos economistas están tan apegados a la noción de crecimiento que no pueden soltar la palabra y entonces hablan de "crecimien¬to negativo" para referirse a la recesión.
Muchas personas agotan buena parte de su vida en la preocu¬pación obsesiva por las cosas. Es por eso que uno de los males de nuestros tiempos es la proliferación de los objetos. Cuando perdemos la capacidad de sentir esa vida que somos, lo más probable es que tratemos de llenar la vida con cosas. A manera de práctica espiritual, le sugiero investigar su relación con el mundo de las cosas observándose a si mismo y, en particular, observando las cosas designadas con la palabra "mi". Debe mantenerse alerta y ver honestamente si su sentido de valía está ligado a sus posesio¬nes. ¿Hay cosas que inducen una sensación sutil de importancia o superioridad? ¿Acaso la falta de esas cosas le hace sentir inferior a otras personas que poseen más que usted? ¿Menciona casualmente las cosas que posee o hace alarde de ellas para aparecer superior a los ojos de otra persona y, a través de ella, a sus pro¬pios ojos? ¿Siente ira o resentimiento cuando
alguien tiene más que usted o cuando pierde un bien preciado?
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